Hoy es Lunes Santo, pero parece que no es Lunes Santo pues, una Semana Santa sin Domingo de Ramos, parece que no es Semana Santa.
Aún siento caer por mi cara el agua que lo empapaba todo mientras iba tras su paso cumpliendo mi Estación de Penitencia como así Él lo había querido este año, en mi Agrupación Musical Santa María la Blanca. Un agua que, y no me da vergüenza decirlo, escondía las lagrimas que, a borbotones, caían por mis mejillas. Era incapaz de levantar la cabeza y mantener la mirada fija en Él más de unos pocos segundos. El alma se me partía al verlo bajo esa torrencial lluvia sin poder meterme bajo sus trabajaderas para ayudar a mis hermanos costaleros a llevarlo de nuevo al refugio de su Capilla.
El cielo se rompió sobre Los Palacios esa tarde de domingo, cuando nadie lo esperaba y mucho menos lo quería. Lo que ocurre, es que no era un domingo cualquiera. Era un domingo de palmas y olivos, de ilusiones y estrenos, de costal y devociones, de promesas y trompetas a compás.
Unos intentan consolarme diciendo que quizás Él lo ha querido este año así, aunque me cuesta creerlo. Otros señalan que tal vez fueron las ansias por amarlo y honrarlo públicamente, por acercarlo a los ancianos y enfermos, junto a su Bendita Madre Reina de los Ángeles del Cielo, las que hicieron que ocurriera. Pero lo que está claro es que sea como fuere que más da ya...
Los más importante es que Él nos seguirá llamando y esperando, junto con María Madre de Dios, y nuestra, en su Capilla, nuestra Capilla, la Capilla de todo un barrio que ya lo anhela en otra tarde de Domingo de Ramos pero, en esta ocasión, y así lo deseo con todo mi alma y mi corazón, lo único que mojarán las calles palaciegas volverán a ser mis lágrimas, esas que no podré contener cuando nuevamente estés frente a mi, pidiéndonos a todos que dejemos que los niños se acerquen a ti.
¡¡¡A JERUSALÉN CONTIGO, SEÑOR DE LA ALMAZARA!!
Escrito por Fernando Jesús Romero Triguero.
Fotos: AC Searus.